El caudal comenzó a ampliarse y las márgenes
cada vez se
hicieron más anchas. La corriente bajó con fuerza y arrastró con ímpetu
todo lo
que encontró a su paso, las piedras rodaron y se llevaron árboles y
animales;
también una casa deshabitada. Durante horas subieron los ríos al tiempo
que
crecía la impotencia de los pobladores por no poder pedir ayuda: como
siempre,
la señal no daba para que la gente pudiera comunicarse con sus
celulares a
Fiambalá.
Pasaron 20 horas hasta que pudieron pedir auxilio.
La crecida no dejó heridos entre los vecinos de La Ciénaga pero el agua se llevó sus escasos medios de subsistencia: todos los animales, casi todos los álamos y 320 nogales.
La Ciénaga fue el pueblo más afectado por el
alud. Desde
1973 que las tormentas no provocaban un desastre así.
En Antinaco, el río se llevó las viñas y una casa habitada, y en Tatón también hubo destrozos y se llevó la toma de agua.
Los tres pueblos se quedaron sin agua potable
y aislados. Las
autoridades locales y provinciales se movilizaron para restablecer los
caminos
y llegar a los poblados a auxiliar a la gente.
Defensa Civil de la provincia y de Fiambalá, el municipio de Fiambalá, Policía, Vialidad y el gobierno provincial trasladaron fundamentalmente agua y comida, y trabajaron para controlar la crisis.
Especial mención desde esta página a la
directora de Defensa
Civil de Catamarca, la Lic. Gretel Galeano, que despachó personal,
vehículos e
insumos para atender la emergencia. La licenciada Galeano fue nuestro
canal de
comunicación para mantenernos informados de cómo evolucionaba la crisis
y los
trabajos que se llevaron a cabo en la zona y particularmente en La
Ciénaga ya
que la telefonía celular no funcionó durante más de dos semanas no sólo
con los
pueblos de la Herradura, tampoco con Palo Blanco.