Los tres miembros 'más
activos' de este proyecto de ayuda a los pueblos de La Herradura
decidimos
pasar fin de año en la zona. Y nos abrieron su casa para de par
en par las
familias Morales y Sínches.
Salimos de Buenos Aires con la
camioneta cargada al tope. Decidimos que en este caso
llevaríamos todos los
juguetes que habíamos reunido para que pudieran repartirse el Día de Reyes.
Allí iban, los peluches de Gabriela
y de Anita, juguetes procedentes de una cantidad de donantes, libritos
de
cuentos para chicos, un trencito eléctrico, y coronando el
portaequipajes, el
triciclo de Matthew que nos lo entregó en mano para los chicos
del comedor del
barrio de San Lorenzo, de Palo Blanco.
En la tarde del 30 de diciembre, Bruno Sínches y las voluntarias que diariamente dan el almuerzo y la merienda a un grupo de entre 25 y 50 chicos prepararon una fiestita para entregar los juguetes. Esta vez... fueron 130 los chicos que llegaron con algunas mamás. Bruno hizo maravillas para 'estirar' los juguetes y que cada chico se llevara uno.
Después de la
merienda Bruno
agradeció la ayuda y Elida les contó a los allí
reunidos cómo se consiguen las
donaciones y la cantidad de gente que está atrás de este
pequeño grupo de tres
colaborando con los pueblos de La Herradura.
Acto seguido, se sacó una mesa al
patio y ahí se expuso el contenido de las bolsas. Quedaron para
el comedor,
para uso comunitario, el televisor que donó Osvaldo, el trencito
y el triciclo
de Matthew, la máquina para hacer pastas de Alicia y la
multiprocesadora de
Luis. El resto se repartió entre todos. Básicamente se
entregaron juguetes para
los chicos, ropa de niños y quedó por repartir alguna
bolsa con ropa para
adultos.
El 31 partimos dos camionetas de
Palo Blanco con destino a Las Papas. Este bellísimo pueblo
enclavado en la
montaña se halla a más de dos horas de camino de Palo
Blanco. Pero la
peculiaridad es que ese camino se hace remontando un río. A unos
pocos
kilómetros al norte de Palo Blanco sale una huella en el
piedemonte de unas
sierras y a poco de andar, la huella comienza a perderse en el lecho de
un río.
Todo el resto del camino se hace por el cauce del río,
atravesando cañadones,
imaginando la huella.
Los
viajeros no sólo tienen que prestar atención a las
piedras del lecho y la
profundidad del cauce sino a un potencial cambio del clima. Si se nubla
y se
sospecha que empezó a llover río arriba... hay que
abortar la operación y
regresar, porque el río encañonado crece
rápidamente y la vuelta puede volverse
imposible.
El río nos acerca a Aguas Negras, un
caserío en el que viven dos familias. Pero que orgullosamente
muestra una
escuela (hoy sin maestro por falta de alumnos).
A la escuela asisten 19 chicos. El
maestro vive en Saujil y los vecinos elogian su dedicación. El
maestro va en su
moto, en algún vehículo que vaya para el pueblo o
caminando si no le anda la
moto. Desde el cruce de la huella con el camino principal son unas 8
horas de
caminata, obviamente por el lecho del río.